lunes, 25 de mayo de 2015

Inquietantes rumores en las costas patagónicas

La entrada de hoy es una de esas que lleva casi dos años de demora, producto de querer ampliar demasiado sin contar con suficiente tiempo para ello. Todo empezó después de leer un par de libros sobre los avistamientos y supuestos desembarcos clandestinos de personas y bienes a bordo de submarinos alemanes al final de la II Guerra Mundial. Los libros en cuestión son "Puerto Seguro", de Jorge Camarasa, y “Tras la estela de los lobos grises, submarinos nazis en la costa argentina” de Ernesto Castrillón y Luis Casabal. Esta es una cuestión muy interesante, ya que en la confusión de los últimos días de guerra en Europa se tejieron cientos de historias que van desde los netamente fantástico hasta sucesos muy probables. Haciendo uso de mi memoria, y de las cosas que, más mal que bien, voy recopilando sobre la historia de la región patagónica, me encontré con inquietantes referencias que complementan parte de las investigaciones realizadas en los citados libros. De hecho, hasta tengo una anécdota personal al respecto, que dejaré para el final. Trataré de resumir de la forma más ordenada y clara posible todos estos temas, pero antes de eso, vamos a empezar por el principio, o sea, los dos libros.

1) Los últimos días del III Reich y los submarinos perdidos

En los confusos días de abril y mayo de 1945, mientras Alemania colapsaba por el este y el oeste, hubo una seguidilla de sucesos que al día de hoy no han sido debidamente aclarados. El primero de ellos es el tema de la muerte, o no, de Hitler, algo sobre lo que se ha escrito largo y tendido, y aún se sigue haciéndolo (Nota del autor: soy de los que creen que se suicidó en el búnker, pero no deja de llamarme la atención la cantidad de indicios y pistas difusas que apuntan en el otro sentido). Otro tema, que a veces se relaciona con éste, es el de los submarinos alemanes, los U-boote. Entre el 2 y 8 de mayo de 1945 se pone en marcha la operación Regenbogen (Arco Iris), destinada a la destrucción de los U-bootes por parte de sus respectivas tripulaciones. Tras recibir la orden de alto el fuego, muchos comandantes de submarinos pusieron en práctica dicha operación, consistente en abandonar las bases, alcanzar aguas profundas, inutilizar los instrumentos y finalmente destruir sus naves. El problema que se desencadenó a posteriori fue que los Aliados no tenían datos fiables de cuantos U-bootes andaban pululando por todo el mundo. Si bien la meticulosa burocracia alemana parecía dar cuenta del destino de todas las unidades en servicio, no estaba claro si realmente todos los submarinos se habían autohundido como se decía, o si faltaba alguno en la cuenta. En las semanas posteriores a la capitulación alemana el mando aliado levantó las prohibiciones de navegación por las aguas del Atlántico y los barcos mercantes volvieron a navegar con sus luces encendidas por la noche. Sin embargo, el 10 de julio de 1945, el U-530 apareció de la nada en la fría y nublada mañana de Mar del Plata y los fantasmas volvieron a agitarse. Surgieron muchas preguntas: ¿cómo había permanecido oculto todo ese tiempo? ¿por qué venía a la Argentina? ¿Habían transportado a algún jerarca importante? Sobre este tema se ha investigado mucho, por lo que no voy a detenerme en este punto (quizás lo haga en una futura entrada, pero no en el corto plazo), pero es importante destacar que la sorpresa que causó se iba a ver ampliamente superada un mes después, cuando en la mañana del 17 de agosto de 1945 emergió de las aguas el U-977, también en la costa de Mar del Plata. La guerra en Europa había terminado casi tres meses y medio antes, y la guerra en el Pacífico se hallaba en su última fase, con un Japón doblegado después de dos bombas atómicas y la invasión rusa en la península de Manchuria. Sin embargo, otro submarino fantasma emergía de las aguas. ¿Había más? Pues a partir de aquí se abre un abanico de testimonios, pistas dudosas e hipótesis que van desde cero a una docena de U-bootes pululando por las costas argentinas. De hecho, en el memorial de Laboe, en Alemania, un sitio dedicado a la historia de la guerra submarina, hay un antiguo mapa cuyo autor es desconocido, donde se marca con una escueta cruz de hierro algún lugar de la costa bonaerense como el sitio del hundimiento de un U-boote. Fue precisamente en esa costa donde se denunciaron avistajes en 1945, circularon rumores pueblerinos, y se contaron historias de boca en boca. Por supuesto, esos rumores e historias también se extendieron a las solitarias, remotas, y poco vigiladas costas patagónicas. Como veremos a continuación, esos rumores podrían no ser del todo disparatados.

El U-530 en Mar del Plata. Era un submarino clase IX, comandado por el capitán Otto Wermuth. Sus tripulantes echaron por la borda todos los documentos y equipos sensibles, incluyendo los torpedos, antes de entregarse. Algunos autores aseguran que podrían haber hundido al buque brasileño Bahía mientras navegaban hacia la Argentina [Fuente: Wikipedia].



El U-977 en Mar del Plata. Era un submarino clase VII, comandado por el capitán Heinz Schäffer. Batió records de inmersión al navegar más de 60 días sin emerger, a una profundidad de 80 metros [Fuente: Wikipedia].

El misterioso mapa (derecha) que se encuentra en el memorial de Laboe (izquierda) [Fuente: Wikipedia]. Allí aparece marcada la costa sur bonaerense con una cruz de hierro, con una leyenda en alemán que dice "por la acción del enemigo" [Fuente: Uboat Argentina].

2) El viajero misterioso

El periodista español Jerónimo Gómez Izquierdo realizó un viaje por la Patagonia a principios de la década de 1940, y plasmó sus vivencias en un libro titulado "A través del Territorio Argentino. Tierras Australes. La Patagonia. Tierra del Fuego". En dicho libro relata su viaje desde Buenos Aires a Ushuaia, pasando por todas las localidades de la costa atlántica patagónica (incluyendo Madryn), y su vuelta al norte, pasando por Punta Arenas, Lago Argentino y otros lugares. Al viajar desde Trelew a Comodoro Rivadavia, paso por Camarones incluido, se detuvo a pernoctar en Malaespina, en donde conoció a un personaje singular. Pero mejor dejo que sea el mismo Jerónimo quien lo cuente:

Portada del libro Tierras Australes (1942), de Jerónimo Gómez Iaquierdo.

Malaespina
En el fondo de un cañadón en donde se encuentra la pequeña localidad; muy bonita; entre abundantes árboles, había una casa, al parecer "boliche" de campo, que era hotel, y otra cercana donde estaba el correo; no vi más porque entramos en seguida al bar, hacía frío.

A la entrada, había un salón negocio para expender bebidas, con mostrador y estantería a la izquierda de la puerta; a la derecha, separado por una baranda de madera y tabique, estaba el comedor; nos dieron dos habitaciones separadas a las que teníamos que ir, saliendo al exterior; en cada habitación, situada en distinto edificio de campaña, con puerta directa al lado de afuera, había tres camas; dentro del coche, quedó, como siempre, "Athos".

Correspondía un dormitorio a Walter y Benjamín, en el que quedaba una cama vacía; en otro metí mi equipaje; era una pieza grande en dos de cuyos ángulos se veían dos camas y ocupando el frente, bajo ancha ventana, había otra cama, de manera que me sobraban dos.

Regresamos al bar, poco alumbrado; detrás del mostrador estaba el dueño, robusto asturiano de saludable aspecto, en la parte de afuera, apoyado de codos, un mozalbete del lugar, escuchaba atentamente la radio; frente al aparato nos colocamos los recién llegados; mis compañeros, jóvenes e inquietos, salieron a inquirir en la obscuridad.

El viajero misterioso
Al poco rato entró un nuevo viajero, hombre de edad, de fuerte apariencia, bien vestido, llevaba frágil sombrero veraniego, con el ala baja que ocultaba la frente y parte de los ojos, hablaba quedo. El recién llegado se dirigió al dueño con acento extranjero, pidió habitación. El hotelero, en tono seco, le contestó: no puedo darle, todas las tengo ocupadas. El extranjero replicó: No importa, comeré y después iré a dormir al coche, tengo carpa y cama; después de las pocas palabras quedó inmóvil y silencioso el viajero, escuchando la transmisión de radio.

En un principio creí que se trataba de algún inglés, poblador de aquella comarca y no di importancia al asunto, pero al ver al hombre correcto y resignado, al comparar su actitud con el tono seco, un poco brusco, del hotelero, sentí la solidaridad del camino y la extrañeza de que en la hospitalaria tierra patagónica, en una noche fría, pudiera negarse albergue al transeúnte y me apresuré a ofrecer una de aquellas tres camas de mi habitación. El amable desconocido me agradeció insistiendo en que deseaba encontrarse solo, a lo que el hotelero se cerraba en su negativa y así quedó el asunto por el momento.
Era, al parecer, muy conocido el visitante que insistía en aclarar que llevaba comodidad suficiente y estaba acostumbrado a quedarse a la intemperie en los largos viajes, ya al lado del camino o en la costa; eso no me preocupa, recalcó.

En eso entraron mis compañeros; Walter entabló en seguida conversación con el raro personaje, cambiaron pocas palabras que me pareció en alemán y salieron juntos.

Poco después, como fueran a servir la comida, salí para llamar a mi compañero y en la obscuridad pude distinguir un hermoso coche, cerrado, último modelo de gran turismo; dentro del mismo se encontraban Walter y el viajero escuchando atentamente la transmisión de un noticioso, directamente de Alemania, por medio de un gran aparato que ocupaba todo el frente interno del coche. Me acerqué y vi el magnífico equipo; además pude darme cuenta de cómo estaban perfectamente dobladas la carpa y la cama, implementos de caza, pesca, botiquín y aparatos de distintas clases; el equipaje y todo ordenado y preparado como para servir a un hombre acostumbrado a estar permanentemente en movimiento; me llamó la atención pero no di demasiada importancia a esos detalles, preferí observar.

Todos entramos al comedor; en la misma mesa nos habían colocado los Cubiertos a los cuatro; durante la comida seguí escuchando; nuestro compañero ocasional era un hombre de cultura y se veía que disfrutaba de sólida posición económica; manifestó que recorría constantemente los territorios del sur, no deteniéndose en ningún poblado; en las ciudades visitaba únicamente a sus amistades personales y relaciones comerciales; hizo una detallada descripción de la costa patagónica, en donde, según decía, pasaba largas temporadas pescando, deporte del que era apasionado. “Suelo quedarme mucho tiempo en un lugar solitario, con mis cañas y aparatos, explicaba, y como llevo también mi carpa y cama, provisiones abundantes y todo lo que necesito, no me preocupa nada”.

Tocó el tema de la guerra europea y, sin apasionamiento, con la misma voz suave y dando a su acento la mayor convicción e ingenuidad, defendió su punto de vista sobre la contienda, en absoluto totalitario; al terminar la comida, Walter, hijo de alemanes y educado en Alemania, cambió algunas palabras en su idioma con el desconocido; en seguida éste, con la mayor corrección, me dio las gracias por mi ofrecimiento de hospitalidad, rogándome le cediera una de las camas de mi habitación, a lo que accedí.

Al levantamos de la mesa, mientras Benjamín se entretenía en dar de comer al terrible “Athos”, Walter y el nuevo compañero se dirigían otra vez al automóvil y yo me quedaba con el hotelero mano a mano. "No se extrañe, me manifestó éste, que le haya negado la habitación al alemán; es un hombre misterioso, siempre viene, quiere habitación solo; cuando no hay, duerme en el coche, está acostumbrado; se queda en las costas, días y días, tiene mucha paciencia; total, para nada; no sé lo que saca de estar tanto tiempo de cara al mar; de repente desaparece, vuelve después, y así va de un lado a otro, por todas partes; creo que es un personaje y no creo en eso de la pesca por estos parajes, porque lo mismo puede pescar más al norte; además, nunca le veo que pesque nada, así que prefiero que no venga”.

Tratando de saber algo más de mi contertulio, manifesté: “No creo que todo eso tenga nada de particular, yo lo veo un hombre culto, amable, muy discreto y no debe de ser mal cliente”. "Todo eso es cierto, me contestó; la verdad, es un hombre misterioso; esa radio del coche y todas las cosas que lleva, los aparatos de pesca; tengo sospecha de que son para otra cosa, menos para pescar; sospecho y no puedo decir por qué; lleva armas, botiquín y muchos implementos raros que no sé explicar.

Entonces, le dije: ¿usted supone que ese hombre puede ser uno de los propagandistas o jefes de alguna organización o quizá un elemento de ayuda a barcos o de información, en contacto con otros que operan desde el Atlántico?” "No sé, no sé”, decía mi informante y de ahí no pude sacarle.

Salí al exterior y lo encontré de nuevo dentro del coche, escuchando la transmisión radial en alemán; pude ver más detenidamente el interior del automóvil donde había muchos bultos, cajas, valijas; todo muy bien arreglado, sin que pudiera descubrir nada, a no ser aquel magnífico equipo de radio transmisor y receptor, muy bien cuidado y que debía de costar un dineral a juzgar por la apariencia, pues se notaba a simple vista la calidad inmejorable del estupendo aparato.

La noche fría, una audición de radio en alemán, la perspectiva de pocas horas de descanso, pues debíamos salir muy temprano para Comodoro, me decidieron a ganar la habitación y meterme en la cama.

Al rato apareció sigilosamente mi ocasional compañero; entró llevando consigo algunas valijas, oí su voz suave, de tono muy bajo, modulando palabras como murmullo constante; me pidió permiso para apagar la luz mientras se desnudaba, porque -según manifestó- dormía completamente desnudo. A poco volvió a encender la luz y pude verlo acostado, con los brazos, hombros y parte de la espalda desnudos; siguió hablando como un murmullo, que yo apenas entendía; siempre de allá, de Alemania, de la guerra; aquella voz suave, de tono bajo, aquel murmullo adormecedor, hicieron de canción; me quedé dormido.

A pesar de que por la mañana nos levantamos muy temprano, cuando abrí los ojos, el compañero de habitación ya estaba levantado, pronto se arregló y desapareció.

Después, en Comodoro Rivadavia, vi pasar velozmente el coche conducido por aquel Viajero misterioso; en San Julián, Río Gallegos, en todas partes, cruzó como una ráfaga y apenas alcanzaba a ver la silueta de la cabeza y busto del hombre amable, de hablar quedo, de suave murmullo.

Para ir a Tierra del Fuego atravesé en avión el Estrecho de Magallanes, por el Cabo Vírgenes, allá me pareció distinguir en la costa al pescador solitario, sentado en las rocas y cerca el soberbio coche de turismo.

A mi regreso hacia Buenos Aires, por la picada, en el amanecer del día en que salió el pullman de Transportes Patagónicos, donde yo viajaba, al salir del Golfo de San Jorge, después de Comodoro, hacia el kilómetro cinco, en desolada lejanía, sobre una saliente del acantilado de rocas, dominando las aguas turbulentas del Atlántico, estaba la inconfundible silueta del paciente pescador; fue la última vez que vi al hombre misterioso de La Patagonia, cuyo perfil conservo en la retina y no se borrará jamás.

¡Cuántos hombres misteriosos de la Patagonia circularon libremente por los inmensos territorios, por las dilatadas costas, por los valles, picadas, canales y montañas, sin que llamaran la atención de nadie en tantísimos años transcurridos, en aquel suelo solamente ignorado para quienes primero debieron conocerlo!

En su estilo particular, medio novelesco y adornado, Gómez Izquierdo relata el encuentro con este misterioso viajero de origen alemán que al parecer erraba por las costas patagónicas. La forma en que lo presenta lo hace candidato al "malo" de la película: reservado, viaja por parajes solitarios con mucho equipamiento, incluyendo una llamativa radio, nadie sabe de que vive, etcétera. Si damos crédito a las palabra de Gómez Izquierdo, el alemán se movía por la costa patagónica de punta a punta, ya que asegura haberlo visto en San Julián, Río Gallegos, el estrecho de Magallanes, Comodoro Rivadavia. ¿Quien sería? ¿Qué hacía en las costas patagónicas? Según algunas de las historias que se cuentan en los libros de Camarasa y Castrillón, en la costa patagónica operaba algún tipo de red de apoyo a los barcos y submarinos alemanes, por lo que el misterioso personaje que menciona Gómez Izquierdo encaja a la perfección en esa descripción. Como bien es sabido, durante la Segunda Guerra Mundial se jugaron diferentes intereses en la Argentina, de parte de los alemanes que querían mantener la neutralidad argentina, y de los Aliados, que querían que Argentina se defina de una buena vez. Desde mediados de los años '30, operó en la Argentina una red que respondía al servicio secreto alemán (Abwehr), que se conocía como Etappen Dienst, o E-Dienst. Su creador fue Wilhem Canaris, jefe del Abwehr, quien conocía no solo Argentina, sino especialmente la Patagonia. Había sido primer oficial en el Dresden, un crucero de la marina alemana que visitó las costas patagónicas en 1914, apenas comenzada la primera guerra mundial (y que luego se escondió en los canales fueguinos). Y ya que mencionamos la Gran Guerra, es bueno también traer a colación una noticia muy breve, casi un telegrama, que se publicó en algunos diarios norteamericanos en agosto de 1917.

Algunos diarios norteamericanos publicaron esta brevísima noticia, que anunciaba el descubrimiento de una estación radioeléctrica en Chubut en 1917 [Fuente: The Sun/LOC - El Paso Herald/LOC].

Se encontró una estación de radio secreta
Buenos Aires, Argentina, 16 de agosto - Una estación de radio secreta ha sido descubierta en la costa de Chubut por parte de la Marina Argentina. Las autoridades creen que la estación fue usada para comunicarse con naves sospechosas en el Atlántico sur.

La nota-telegrama carece de datos o nombres como para verificar su veracidad, e incluso se desconoce la posible nacionalidad de esas naves sospechosas (¿alemanas? ¿inglesas?). Sin embargo, no parece descabellada, y se asemeja a lo que luego se vivirá durante la siguiente guerra mundial. Salvando los años, hay un inquietante paralelismo entre esta noticia y el viajero misterioso con que se topó Gómez Izquierdo.

3) Consulado III Reich / Lahusen

Hace un par de años se publicó en el grupo de Facebook Madryn Olvidado una foto del que fuera el consulado alemán en dicha ciudad, con la bandera roja con la esvástica al centro. En la esquina de Gobernador Maíz y 28 de Julio se hallaba, en aquel entonces, la casa del gerente de la Barraca Lahusen, lugar que a su vez funcionaba como consulado alemán. La Sociedad Anónima de Importación y Exportación de Lahusen y Cía era una empresa de capitales alemanes, que operó en la Patagonia durante casi todo el siglo XX, y que fue competencia de la Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia. En Puerto Madryn, Lahusen era propietaria de toda la manzana comprendida entre las calles 28 de Julio, Belgrano, Maiz y Alvear. El cónsul alemán en aquella época era Hermann Baron Buxhoeveden, a quien ya referencié en este blog hace varios años por sus hermosas pinturas que representan paisajes patagónicos.

Por supuesto que hay que interpretar las cosas en su justo lugar y con el análisis histórico del momento, cosas que algunos historiadores modernos no tienen en cuenta. En el momento de tomar esa fotografía (circa 1942), la bandera del estado alemán era esa, por lo que no debería extrañar su presencia en el frente del edificio. Pero, por esa misma razón, la posible actividad de apoyo, del tipo que fuese, a las naves alemanas que operaban en el Atlántico sur no podría descartarse.


Consulado Alemán de Puerto Madryn, emplazado en la esquina de 28 de Julio y Gobernador Maíz (circa 1942) [Fuente: Madryn Olvidado].

 

4) Historias y rumores en las aguas del golfo Nuevo

En el libro de Pancho Sanabra, "Naufragios y algo más...", hay un interesante testimonio sobre algunas de las historias y rumores relacionados con submarinos y barcos alemanes en aguas del golfo Nuevo. Reproduzco a continuación la sección dedicada a la playa Alsúa:

"Viejos pescadores que llegaban a playa Alsúa remando y en otras oportunidades con precarias velas, decían haber escuchado comentarios de antiguos ganaderos de la zona, que con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial, un barco presumiblemente alemán había arrojado al mar cantidad de material bélico muy cerca de la costa, donde había fondeado, tomando como referencia un zanjón para el agua de lluvia que corre al pie de una ladera y desagota en la playa.
"Polo" García también contó lo mismo, agregando que lo escuchó de personas que trabajaban en los campos costeros linderos que lo reafirmaron y agregaron que no fue una sola vez que vieron eso. Según narraba "Polo", fue testigo presencial cuando en el año 1944, una noche que estaba tirando la red en Cracker, vio emerger a muy poca distancia de la orilla un submarino con muy pocas luces y muy ruidoso. Momento después observó, según creyó, que estaban realizando una soldadura. Calcula que luego de una hora aproximadamente, el submarino enfiló hacia la boca del golfo sin sumergirse porque escuchaba los motores pero las luces no eran visibles."


Este testimonio, si bien tiene cierta vaguedad, al menos cuenta con algunos nombres propios que le dan soporte a lo que se informa: Sanabra, "Polo" García, playa Alsúa, Cracker... Al leer el testimonio de "Polo" García, no puedo evitar evocar al misterioso viajero de Gómez Izquierdo. Si un pescador pueblerino pudo ver un submarino en Cracker, que al parecer efectuaba reparaciones, también un agente o personal de apoyo podría haber esperado a dicho submarino, allí o en cualquier otro punto de los mil y pico que componen el litoral patagónico. Para complementar el testimonio de Sanabra es bueno traer a colación otro que circula en varios sitios de Internet, aunque no he podido encontrar la fuente primaria de dicha información. Según el sitio Axis History Forum y el libro América nazi, de Jorge Camarasa, el 7 de marzo de 1942, el capitán de navío Campo, de la 3ra División de torpederos, informó a la Escuadrilla de Torpederos de la Flota de Mar que a las 17:30 hs de ese día, el torpedero "San Juan" había reportado el avistaje de un periscopio y había confirmado la presencia de un submarino mediante los hidrófonos, a 2000 metros, en la posición 42º55'S 64º01'W (cerca de Punta Delgada). El 25 de marzo, el almirante Sueyro envía un reporte al ministro de Marina, Mario Fincati, con una nota anexa: "No es la primera vez que se reportan avistajes de esta naturaleza al Comando en Jefe, todos referidos a la misma zona, pero en épocas distintas. Mientras tanto, cuesta a este Comando en Jefe aceptar la certeza de los hechos tal cual han sido informados, no obstante que en algunos casos la información ha sido provista por jefes que tienen el convencimiento absoluto de haber estado a escasos 500 metros de esos periscopios." Como resultado, Sueyro habría ordenado que se lancen cargas de profundidad a cualquier submarino no identificado.

El torpedero San Juan, que presuntamente divisó un submarino a escasos 2000 metros, en las inmediaciones de Punta Delgada, en marzo de 1942 [Fuente: Histarmar].


El 13 de abril del mismo año, el Comandante en Jefe de la Flota de Mar, vicealmirante Guisola, se comunicó con el canciller Guinazú, para que éste informe a los gobiernos de países extranjeros que todos los submarinos sumergidos que se encontrasen en aguas argentinas serían atacados. Los submarinos argentinos serían escoltados en superficie por torpederos, para evitar ser atacados por error.


Parece factible que submarinos alemanes (y Aliados también), hayan merodeado las aguas del golfo Nuevo durante la Segunda Guerra Mundial. La pregunta más importante es si solo lo hacían como parte de un patrullaje, si era un escondite, o si subían y bajaban cosas o personas.

Mapa que señala algunos de los lugares mencionados en esta nota (recomiendo ver la versión original que armé en Google Maps, donde tienen información desplegable que identifica cada punto).

 

5) Un hallazgo inesperado

Para cerrar esta extensa nota sobre submarinos y personajes misteriosos, voy a aportar una pequeña anécdota personal. Mi familia vivió, hasta el '88, en la casa emplazada en Belgrano 580 (esquina de Belgrano y Alvear, hoy una pinturería), justo enfrente de la entrada a la barraca Lahusen. La casa en cuestión era del tradicional estilo chorizo y, según creo recordar de algún comentario de mi papá, fue construida en el '36. El lote donde se levantaba la casa era de 20x50m, y en el fondo, sobre calle Alvear, había un enorme baldío, que había servido como depósito para mi abuelo Rugiero, en la época que tenía la estación de servicio Shell (décadas del '60 y '70). Ese baldío en cuestión era el lugar de juegos para mí y mis primos, donde con chapas, maderas y viejos tambores de 200 litros armábamos casas, trincheras o naves espaciales (y todo lo que fuera necesario imaginar). Un día, allá por 1986 (aprox.), jugando con mis primos desenterramos un trozo de un chapón grueso y oxidado, sobre el que había tres esvásticas estampadas en relieve, de unos 20cm de lado, y enmarcadas en circunferencias, también en relieve. Si mi memoria no falla, parecía como un pedazo, aplanado, de un tambor de 200 litros. Nunca pude averiguar la historia de como llegó eso al fondo de mi casa. Poco tiempo después, un año quizás, nos mudamos, y ese misterioso chapón se perdió en algún lado (junto con tantas cosas que eran de mi abuelo y que juntaban polvo en cajas). La lectura de los libros sobre los submarinos me trajo a la memoria el recuerdo nebuloso de aquel hallazgo, y con él las preguntas respectivas al origen de ese chapón. Para añadir un poquito más de intriga al asunto, recuerdo haber escuchado que en esa casa habían encontrado una pequeña esvástica de metal, como si fuese una medalla, debajo de algún piso. Pero esto último es un recuerdo difuso, de algo escuchado en una reunión familiar. Lo otro, lo del chapón, es un recuerdo con imágenes concretas.

Mapa de situación elaborado sobre una vista extraída de Google Earth (2002). Se puede ver la ubicación de mi casa, y el lugar aproximado del hallazgo, y su posición respecto de la barraca Lahusen y el consulado alemán de 1942.

Así lucía, o al menos creo recordarlo así, el chapón que encontramos enterrado en el patio de mi casa.

6) Conclusiones preliminares

Como ya es costumbre en este blog, la entrada de hoy fue un racconto de cosas dispersas que guardan un nexo común. En este caso, el nexo es la presencia de naves, y personas, relacionadas con el estado alemán durante la segunda guerra mundial. Teniendo en cuenta estos sucesos, y muchos más que han sido tratados por diversos autores, se puede especular con que hay cosas que todavía no han salido a la luz que podrían sorprendernos. Sin ir más lejos, hace poco se habló del descubrimiento de un refugio de agentes nazis en Misiones, e incluso hay algunos autores que muestran borrosas fotos sobre un supuesto submarino encallado en la isla Friendship, en Chile (bueno, son los mismos que hablan de extraterrestres y otras cosas en la misma isla). La tarea de separar la paja del trigo parece ser en especial difícil, pero, como dice el viejo refrán, hay que darle tiempo al tiempo. Por mi parte ha llegado el momento de dejar descansar el teclado e ir a pensar cual será el próximo artículo. Nos vemos en la próxima entrada.

Esta, quizás, sea la única foto de una embarcación alemana de la época de Hitler que haya amarrado en las costas de Puerto Madryn. Se trata del velero Nordwind, un velero diseñado a pedido de Hitler en la década del '30 y que fue comprado y restaurado por inversores privados años después de finalizada la II Guerra Mundial. Estuvo de paso por Puerto Madryn en octubre de 2009 [Fuente de la foto: Claudio Costa / Info: Perfil y Nuestromar].

2 comentarios:

  1. Las svásticas (invertidas) en tambores de aceite mineral o combustibles eran muy comunes antes de la 2da guerra mundial ya que era una marca de Shell y no tenía nada que ver con los nazis
    http://www.ciudaddeluruguay.com.ar/CiudaddelUruguay/fotografana406circa1938depsitogarupdeshell.html
    He visto varias en museos del sur de Argentina y Chile

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    1. Estimado Eduardo, muchas gracias por tu comentario y por el aporte. La foto es realmente impactante, y agrega una pizca más de incertidumbre a mi relato. A casi treinta años de aquel hallazgo, no podría asegurar si la esvástica era dextrógira o levógira, pero sí recuerdo que el mencionado chapón no tenía ningúna marca adicional, ni leyenda, ni nada. Pero, por otra parte, el hecho de que haya sido un símbolo de la Shell se conecta a la distancia con mi abuelo, que tuivo una estación de servicio Shell entre las décadas del 60 y 70. Si bien para esas fechas el significado de la esvástica era univocamente nazi, existe la posibilidad de que haya habido algún material remanente de la época preguerra. En fin, especulaciones mías. Gracias por el aporte. Saludos

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