viernes, 27 de enero de 2017

Misterios e historias en la Ruta Provincial Nº1

Existen rutas que tienen un nombre propio y una impronta que las destaca por encima del común de las rutas. Si bien todas ellas están identificadas por números, aparentemente insulsos y genéricos, algunas sobresalen por su trazado, por las localidades que unen o por los atractivos turísticos. El ejemplo más relevante en nuestro país es la Ruta Nacional Nº40 (RN40), que une La Quiaca (Jujuy) con Cabo Vírgenes (Santa Cruz), recorriendo más de 5100 km y cruzando once provincias diferentes. Es, de alguna manera, el equivalente a la famosa Ruta 66 de EE.UU., un icono turístico y una especie de marca registrada. En un orden menor, los patagónicos tenemos otra ruta emblemática, la Ruta Nacional Nº3 (RN3), que une Buenos Aires con Ushuaia y actúa como contraparte de la RN40 en la Patagonia, pero corriendo sobre la costa. Si bien su trazado no bordea montañas nevadas, bosques frondosos ni lagos cristalinos, sí nos lleva por imponentes paisajes costeros y se adentra de a ratos en la meseta, con sus bellezas tan particulares. Sin embargo, existen rutas mucho menos conocidas que encierran historias, paisajes y soledades que merecen la pena ser conocidos. Hace unas semanas tuve la oportunidad de recorrer, en parte, una vieja ruta que tenía pendiente hace tiempo, una ruta que se relaciona con una deuda pendiente (que aún no saldé por completo) y con una serie de historias que iré desmenuzando por este blog en la medida que sea posible: La Ruta Provincial Nº1 de Chubut.

Ripio, arbustos bajos, alambrados, guardaganados y un cielo azul tan infinito como la meseta. Paisaje patagónico puro sobre la RP1 (También llamada Ruta Presidente Juan Domingo Perón).