domingo, 16 de julio de 2017

Pequeñas reflexiones patagónicas de 1917

Hoy no voy a extenderme con largas recopilaciones de material ni nada por el estilo. Azares, nostalgias y vaya saber que otra cosa, me llevaron a reencontrar una breve reflexión editorial sobre la Patagonia que, a pesar de tener un siglo, en algunos aspectos podría leerse como nota de actualidad. El sábado 24 de febrero de 1917, hace 100 años y unos cuantos días, el semanario Golfo Nuevo publicaba una breve editorial titulada simplemente "Reflexionando", donde se meditaba sobre el desconocimiento de esta región por parte de las autoridades nacionales y los ciudadanos de la metrópolis.

Un hermoso (y helado) amanecer en Punta Cuevas [19/julio/2013].



REFLEXIONANDO
Cuando meditamos acerca del desconocimiento que de estas regiones patagónicas tienen los hombres de estado; cuando pensamos que aún existen en la Capital Federal personas que no quieren visitar estas zonas del litoral Atlántico por considerarlas una Sahara o poco menos, cuando, en fin, recordamos que todavía residen en la metrópolis profesionales que miran estos territorios como los miraron los contribuyentes del año 60
[se refiere a 1860], es decir, sin interés alguno porque los consideraban páramos llamados a estar hasta lo eterno estériles y desolados; cuando pensamos en todo eso asoma a nuestros labios una sonrisa indulgente, sonrisa que dice: aún no es conocida la Patagonia ni [por] el propio pueblo argentino.
Nadie osará negar que esto no es así.
Los territorios de la parte más meridional de la república son tenidos todavía por regiones casi incultas, por eriales inhospitalarios e improductivos donde toda vida civilizada y aún humana es imposible. No se cree, que existen aquí pueblos laboriosos y productivos, pueblos que luchan en gran escala por el engrandecimiento de la nación y que en pocos años más serán tan grandes e importantes como cualquiera de los que ostentan las provincias centrales. Los que en ello no crean desconocen esta parte del suelo patrio.
Es conveniente que se sepa que actualmente la Patagonia rivaliza en ganadería con muchas de las provincias; que la práctica en agricultura es mayor cada día; que en ella existe vida civilizada y que solo se necesitan hombres de actividad para que esa civilización se haga más visible y esa sociedad más grande.
Bueno sería que los ciudadanos que actualmente llevan las riendas del estado se preocuparan más de estos territorios nacionales, por encerrarse en ellos una gran riqueza nacional.
Portada del semanario Golfo Nuevo del sábado 24 de febrero de 1917.

Un siglo, apenas un suspiro en términos históricos mundiales, casi la mitad de la historia de nuestro país. Mucho ha cambiado, es cierto, pero aún quedan numerosas cuentas pendientes. Sin embargo, ese deconocimiento también fue el que le permitió a la región  mantener esa aura de intangibilidad, de naturaleza pura, que le hace sentir al visitante la sensación de ser el primero en hollar esos lugares. El desafío, para los años venideros, es alcanzar el grado de desarrollo económico-social óptimo para sus habitantes, pero preservando de la mejor manera el entorno natural. ¿Será esta primera mitad del siglo XXI el momento en el cual la región se pondrá completamente en pie y ocupará el lugar que le corresponde? Esperemos que así sea. 

Podemos discutir si el progreso logrado por la región es mucho, poco, normal, medio bajo, etc. Lo que no se puede discutir es la belleza natural de la Patagonia toda, de costa a cordillera, de la montaña a la meseta, de las playas de arena a las restingas. La foto corresponde a Punta Cuevas, con marea baja [21/julio/2016].

Si estos es el Sahara, como lamentaba la nota del semanario Golfo Nuevo, pues entonces vayamos a vivir al Sahara. La foto corresponde a la pasarela del río Arrayanes [25/enero/2010].

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