viernes, 26 de agosto de 2016

Midiendo el campo magnético en el otoño madrynense de 1925

A partir del artículo que publiqué el pasado mes de marzo, sobre la observación del tránsito de Venus de 1882, me quedó la inquietud sobre que expediciones científicas de bajo impacto, o de poca publicidad, se produjeron en la región patagónica, y en especial, en la zona noreste de Chubut. Hay mucha información sobre los viajes de Darwin, Musters, Fontana y otros, pero también existen numerosas campañas realizadas por diferentes científicos que han caído total o parcialmente en el olvido. Algunos de ellos han sido rescatados, en términos históricos, hace relativamente poco tiempo, como es el caso del científico y pionero Julio Germán Koslowsky, cuyo nombre apenas era conocido por los estudiosos de la Patagonia. Después está el caso de las misiones francesas y norteamericanas que vinieron a observar el tránsito de Venus de 1882, las mediciones realizadas por Esteban Terradas e Illa para la Universidad Nacional de La Plata, que desembocaron en la posterior instalación del mareógrafo, y otros.

Rebuscando en las páginas del Semanario Golfo Nuevo encontré una de esas pequeñas notas que son una punta de un ovillo más grande. En la edición del sábado 6 de junio de 1925, se informa sobre la partida de un científico norteamericano que había venido a hacer mediciones en la zona.

OBSERVACIONES CIENTÍFICAS
Después de permanecer ocho días en ésta, se embarcó para Buenos Aires en el vapor José Menendez, el señor John Lindsay, observador del Departamento de Magnetismo de la Tierra, del Instituto Carnegie de Washington.
El señor Lindsay, efectuó en este pueblo diversas observaciones del magnetismo terrestre, lo que servirá para el control de los compases de navegación y para otras aplicaciones científicas. Además el señor Lindsay constató las variaciones magnéticas ocurridas desde la última vez que un observador del Instituto estuvo en esta hace cuatro años.

El sábado 6 de junio de 1925 el semanario Golfo Nuevo (izquierda) anunciaba la partida de John Lindsay a bordo del vapor José Menéndez (derecha). Fuentes:  biblioteca Municipal y Popular Domingo Faustino Sarmiento (Puerto Madryn) e Histarmar.

sábado, 20 de agosto de 2016

¿Me conviene ahorrar en créditos del Imperio o con dólares soviéticos?

Es viernes, es de noche y estoy cansado. Por esas tres razones la entrada de hoy es totalmente relajada, bastante desconectada del resto de las otras entradas. O no, mejor dicho, hay una vaga relación. Cada tanto dedico algunas entradas para compartir temas relacionados con el coleccionismo de monedas y billetes, un pasatiempo que tengo algo relegado desde hace un par de años. Por esos azares de la procrastinación, encontré en un directorio inesperado unos archivos que había descargado hace mucho y que están relacionado con el coleccionismo. Me refiero a los billetes y las monedas de fantasía, aquellas que fueron creadas para ser falsas y no se pretende engañar a nadie. Por tal razón se convierten en objetos de colección y su valor puede ser incluso elevado. No me refiero acá, hago la aclaración por las dudas, a dinero que se emite para ser de curso legal pero su valor es un chiste, como ya hemos experimentado en Argentina (¿se acuerdan de los Lecop, patacones y otros parches?) y en otras partes del mundo. No, me refiero a diseños que homenajean determinados eventos/personas/cosas, son propagandísticos, o que son simples tomadas de pelo.

Detrás de cada moneda o billete hay un trabajo de diseño, conceptual y artístico, muy importante. En una pequeña pieza de metal, o en un trozo de papel, se debe representar una cierta cantidad de símbolos que transmitan un mensaje, además de representar un valor financiero. En sus contrapartes de fantasía, la idea sigue siendo la misma. Pero bueno, mejor me dejo de tanto palabrerío, y les muestro un poco a lo que me refiero.

Un crédito del Primer Imperio Galáctico. En su frente aparece la efigie de Darth Vader, y en el reverso la segunda Estrella de la Muerte, dos destructores imperiales y varios cazas TIE. La firma en el frente del billete es la del Emperador Palpatine, "Emperor of the known galaxy". Fuente: Outside IN creative collective.

sábado, 6 de agosto de 2016

Kraken en el paralelo 45°

Desde los albores de la civilización el hombre pobló de monstruos, magia y dioses lo que estaba más allá de las fronteras de su conocimiento. Los océanos y abismos se poblaron de monstruosidades, historias y leyendas que se transmitieron en forma oral y escrita a lo largo de los siglos. Sirenas, serpientes marinas y otros engendros acecharon la imaginación de los navegantes. Claro que no todo era imaginación, porque las profundidades del océano escondían (y aún esconden) animales sorprendentes. Así, medio con fábulas y medio con verdades, fueron quedando testimonios históricos que aún hoy dan lugar a controversias. Uno de los ejemplos más citados es el testimonio de Plinio el Viejo, que en el libro IX de su Historiae Naturalis, cuenta una historia muy curiosa que transcurrió alrededor del 150 a.c. en la provincia romana de Bética, en el sur de la actual España.

El pulpo colosal del malacologista francés Pierre Dénys de Montfort. Supuestamente esta criatura había atacado un barco frente a las costas de Angola. Esta imagen luego se repetiría y se convertiría en un icono identificado con el Kraken. La imagen fue extraída de #bhlMonstersRreal y retocada con el editor online ezgif.

"Durante el proconsulado de Lucio Lúculo en la Bética, Trebio Nigro, escritor de su comitiva, contaba que había un pulpo gigante que acostumbraba a salir del mar hacia las piletas acabando allí con las salazones. Se le pusieron por delante unos cercados, pero los saltaba por medio de un árbol, y no se hubiera podido atrapar si no llega a ser por el olfato de los perros. Éstos lo rodearon cuando volvía de regreso por la noche y los guardas al despertarse se aterrorizaron por algo tan excepcional. Su tamaño era insólito, después el color del animal, untado en la salmuera, con un olor de espanto. ¿Quién se hubiera podido esperar un pulpo en aquel lugar o lo huera podido reconocer de esa manera? A ellos les parecía que luchaban contra un monstruo, pues espantaba a los perros con su bufido terrible, azotándolos, además, unas veces con la punta de sus tentáculos o golpeándolo, otras veces, con la parte más fuerte de sus brazos a modo de mazas; a duras penas se pudo acabar con él tras múltiples arponazos. Le mostraron a Lúculo la cabeza, del tamaño de un tonel con quince ánforas de capacidad; además las barbas, que apenas podían abarcarse con los dos brazos, llenas de nudos, con sus ventosas de una urna de capacidad, como calderos y, así mismo, los dientes, en correspondencia con su tamaño. Sus restos pesaron setecientas libras."