miércoles, 27 de enero de 2016

Relatos del Chubut Viejo

Siguiendo el hilo de mi anterior entrada, quiero aprovechar a recomendar un libro de historia regional bastante poco conocido: Relatos del Chubut Viejo. ¿Qué tiene que ver la entrada anterior? Bueno, el libro llegó a mis manos de parte de uno de los nietos del autor, en aquella reunión que compartimos en la costa madrynense que luego me llevó hasta una de las viejas máquinas de vulcanización de mi abuelo. Así se cierra un círculo perfecto, de presente y pasado, de historia y memoria. Pero mejor me dejo de tanta cháchara, y voy a lo concreto.


viernes, 22 de enero de 2016

Un recuerdo fortuito

Hace unos días ocurrió algo curioso y fortuito, una de esas anécdotas mínimas que tienen cierto simbolismo en lo personal. Todo empezó a la mañana, cuando a través de una foto en el Facebook se dio la posibilidad de improvisar una reunión con dos personas que conocí mediante la red social y con las que interactúo hace rato porque compartimos inquietudes similares: Patricio Castillo Meisen y Oscar Comes, los creadores (por no decir guías espirituales) de los grupos Madryn Olvidado (Facebook) e Historia de la Patagonia (Facebook y Yahoo!) respectivamente. Luego de una grata reunión, que espero se repita en el futuro y que nos sirva para avanzar en algunos aspectos, cada uno volvió por su lado y yo aproveché a pasar a averiguar unas cosas por el centro.

Cuando emprendí el retorno hacia la casa de mi madre, inconscientemente tomé una ruta grabada en mi niñez, hacia el oeste por la calle 28 de julio, hasta las cinco esquinas, y de ahí a la izquierda por Alvear. Así pasé por la esquina de mis recuerdos, la de Belgrano y Alvear, la cual luce bastante cambiada, aunque todavía se pueden reconocer rasgos de lo que era la antigua casa. La luz del atardecer era de un melancólico tono anaranjado, aunque no reinaba la quietud de antaño. Siguiendo por Alvear me detuve a mitad de cuadra, a husmear por la reja del portón que da a lo que era el fondo del terreno, que en mi infancia fue una especie de parque de diversiones compuesto por pilas de chatarra, maderas, latas, un gallinero, etc. (incluyendo un enorme cartel de la UCR). Allí pude comprobar, una vez más, como la medianera del terreno sigue estando compuesta por la misma hilera de chapas por la que yo me asomaba en mi niñez (mediados de los '80), y que en aquel entonces ya estaban viejas y oxidadas. Sin embargo, esta vez encontré un recuerdo inesperado. En el medio de una pila de materiales, maderas, hierros, etc, divisé un artefacto metálico voluminoso e indefinido, al menos para el ojo poco entrenado. Pero para mí fue un flash, una imagen que volvió al presente a través de los intrincados laberintos de la memoria. Ese artefacto era parte de una maquinaria para la vulcanización de neumáticos, que estaba guardado en la casa de Belgrano y Alvear cuando yo era chico, y que para aquel entonces ya era obsoleta. Esa era una de las máquinas de la gomería de mi abuelo, Rugiero Donato, quien instaló este comercio en Madryn a mediados de la década del '40.

En un rincón del patio, que da a la calle Alvear, entre Belgrano y 9 de julio, encontré este retazo de historia familiar (y porque no, de Madryn), herrumbrado en una pila de chatarra.