domingo, 28 de septiembre de 2014

La antibiblioteca y la historia del buen brahmín

Hace un par de semanas que estoy transitando unos de esos picos de actividad, tanto en el trabajo como en el ámbito familiar, que se escapan de lo normal. Tengo en mente tres artículos que se pelean por captar toda mi atención, pero no tengo ni el tiempo ni la cabeza despejada como para trabajar en ellos. Esto me ha llevado, con los razonamientos ilógicos e inexplicables de la mente, a recordar dos cosas que quiero compartir. Una es la metáfora de la antibiblioteca que menciona Nassim Nicholas Taleb en su libro El Cisne Negro:
El escritor Umberto Eco pertenece a esa reducida clase de eruditos que son enciclopédicos, perspicaces y amenos. Posee una extensa biblioteca personal (con más de treinta mil libros), y divide a los visitante en dos categorías aquellos que reaccionan con un “¡Oh! Signore professore dottore Eco, ¡vaya biblioteca tiene usted! ¿Cuántos libros de éstos ha leído?”, y los demás – una minoría muy reducida -. que saben que una biblioteca privada no es un apéndice para estimular el ego, sino una herramienta para la investigación. Los libros leídos tienen mucho menos valor que los no leídos.

En los días en los cuales me hallaba embarcado en la redacción de mi tesis doctoral, con todo lo que ello significa (estrés, la sensación de haber malgastado cuatro años de tu vida, agotamiento, etc.) tuve una idea parecida. En aquel entonces aprendí que una vez obtenido el grado de Doctor nos queda un bonito libro encuadernado y prolijo que llamamos tesis y que es elogiado por diferentes personas. Sin embargo, existe otro libro, que jamás escribiremos, y que seguramente sería más voluminoso, que debería contener todas aquellas cosas que hicimos en el curso de la investigación y que no sirvieron para nada, que estaban mal, o que simplemente eran divagues innecesarios. En el proceso de generación de conocimiento hay una cadena de errores y fallos inevitables... e imprescindibles.

Un estante de mi biblioteca representa apenas un porción insignificante del saber humano, y éste a su vez es una fracción infinitesimal de todo el conocimiento que comprende al funcionamiento del Universo y el Tiempo.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Algunas reflexiones sobre el anumerismo

Hace unas semanas mi colega Emiliano Penovi me pasó un libro que desconocía: El hombre anumérico, de John Allen Paulos. No es un libro nuevo, data de fines de la década del ochenta, pero el tema que trata sigue tan vigente hoy como en aquel entonces. Básicamente la idea que articula el libro es la del anumerismo (innumerancy, en inglés), que trata de ser el equivalente matemático de la persona iletrada, una palabra que denota la falta de criterio y rigor matemático en la sociedad actual. Cuando hablo de criterio y rigor no me refiero a complejas y tediosas demostraciones matemáticas, sino al manejo de cantidades y probabilidades que están relacionadas con acontecimientos casi cotidianos. Al mejor estilo de Adrián Paenza, para quien fue un inspirador, Paulos revisa varios tópicos y situaciones comunes, planteando la falacias que se esconden detrás determinadas estadísticas, empleando simples multiplicaciones y razonamientos lógicos. Así, por ejemplo, se pregunta que si en un juego de lotería al estilo del Loto la probabilidad de acertar los 6 números en un universo de 40 es de 1 en 3.838.380, ¿cómo es que la mayoría de la gente prefiere un billete de lotería con la combinación 213172 o 293684 a otro con la combinación 123456? A continuación voy a reproducir algunos ejemplos que me llamaron la atención, que resumen a la perfección el contenido del libro.

Sobre las coincidencias
A veces se suele interpretar a las coincidencias de forma misteriosa o buscando algún significado oculto. Por ejemplo, encontrar a una persona que cumple años el mismo día que nosotros. Sin embargo esto no tienen nada de raro, sino que es más bien común. Como el año tiene 366 días, considerando un año bisiesto, habría que reunir a 367 personas para estar seguros de que por lo menos dos personas del grupo han nacido el mismo día. Pero, si nos conformamos con tener una certeza del 50%, lo primero que se nos ocurre es que se necesitan 366/2=183 personas. Sin embargo la respuesta es que sólo hacen falta veintitrés. En otras palabras, exactamente la mitad de las veces que se reunen veintitrés personas elegidas al azar, dos o más de ellas han nacido el mismo día.

La identidad de Euler escrita con dados, una bella composición entre matemáticas y azar [Fuente]