sábado, 31 de mayo de 2014

Visto y Leído: Noticias tecnológicas argentinas

La vorágine de noticias cotidianas está cargada de cosas negativas, aunque si nos esforzamos y leemos esas noticias breves que aparecen siempre al margen o tapadas por otros titulares, nos podemos encontrar con muchas noticias positivas. Esto no anula lo primero, hay noticias negativas porque suceden cosas negativas, y no se trata de una sensación, es una realidad. Pero, tampoco seamos ingenuos, hay una tendencia a exacerbar este tipo de noticias en detrimento de las otras. Por eso hoy quiero compartir, en forma muy resumida, un puñado de noticias sobre ciencia y tecnología que son positivas y que vale la pena leer.


Nanosatélites nacionales: el BugSat-1
La empresa argentina Satellogic informó que el BugSat-1 (también conocido como Tita, por Tita Merello), fue enviado el pasado lunes 19 de mayo a la base de lanzamiento en Rusia, donde será puesto en órbita el día 19 de Junio. El BugSat-1 es parte de una demostración tecnológica de una plataforma de pequeños satélites de observación de la tierra que Satellogic planea poner en órbita para brindar un servicio comercial a nivel global. Tiene una masa de 25kg, cuenta con tres antenas, una cámara de video para la toma de imágenes, un receptor GPS, una radio UHF (para la comunidad de radioaficionados) y una radio en Banda-C.

BugSat-1, o Tita, como más les guste, es el tercer satélite que construye la empresa Satellogic. Anteriormente construyó los satélites Capitán Beto (CubeBug-1) y Manolito (CubeBug-2), que actualmente se encuentran en órbita y funcionando. Satellogic fue creada por Emiliano Kargieman, principal desarrollador del grupo y a su vez presidente de la empresa. Kargieman estudió Matemáticas en la UBA y trabajó un tiempo en la base de la NASA estadounidense de Aims, en California, donde le dio forma a la idea de fabricar nanosatélites. En 2010 regresó a Argentina y junto con su colega Gerardo Richarte le presentaron el proyecto de los nanosatélites a Invap, donde recibieron el apoyo para crear la incubadora que luego se convirtió en Satellogic.

El BugSat-1 (Tita) [Fuente: Gunter's Space Page]

lunes, 26 de mayo de 2014

El auto eléctrico de Nikola Tesla

Cada cierto tiempo la Historia (con mayúsculas) nos sorprende con algún personaje singular que parece de otra época. Personas con capacidades excepcionales que revolucionan su entorno y que muchas veces son incomprendidas. Su vida y obra es recordada y amplificada por las siguientes generaciones, que de a poco los van convirtiendo de humanos excepcionales en semidioses. Como ejemplo podría citar a Arquímedes, Da Vinci, Einstein, y Mozart (NO, Maradona no está incluido). Por supuesto, otro de estos personajes es el que se menciona en el título, Nikola Tesla, el inventor de la corriente alterna. A Tesla se le atribuyen varias decenas de inventos de todo tipo, muchos de ellos inverosímiles e incomprobables, entre los que se encuentra el auto eléctrico.

Hace unos meses leí un artículo en la revista Ingeniería Eléctrica (N°274, Marzo 2013), en donde se habla del "Misterioso auto eléctrico sin batería de Nikola Tesla". En la nota se menciona que en 1931 Tesla había probado un prototipo de auto eléctrico empleando la carrocería de un Pierce Arrow, y reemplazado el motor de combustión interna por un motor eléctrico de inducción de 57 kW alimentado por una misteriosa caja de unos 60x30x15 centímetros. Al parecer la caja contenía una docena de válvulas de vacío y su correspondiente parafernalia de cables, capacitores, y resistencias; y estaba unida a una antena de 1,8 metros. La fuente de esta información era un supuesto sobrino de Tesla, llamado Peter Savo, quien decía haber manejado el auto en la ciudad de Buffalo. Esto se lo contó a un periodista, llamado Derek Ahler, quien fue el que divulgó la noticia. En su testimonio, Savo cuenta que el día de la prueba, su tío (Tesla) colocó la misteriosa caja, que había montado en un cuarto del hotel, en el asiento del acompañante, la conectó al motor y realizó algunos ajustes. Savo condujo el vehículo a lo largo de 80 km, a través de la ciudad de Buffalo y los campos circundantes, con velocidades de hasta 140 km/h. Tesla y Savo se quedaron probando el auto en Buffalo durante 8 días. El último día salieron de la ciudad y viajaron unos 20 km por el campo hasta llegar a un lugar determinado, que Tesla conocía, donde había un granero. Dejaron el Pierce Arrow en el granero, sacaron la caja misteriosa, y se fueron.

Un Pierce Arrow sedán de 1931, similar al de la historia de Tesla [Fuente: Serious Wheels].

viernes, 16 de mayo de 2014

El Valle de los Mártires (Chubut)

Por alguna razón, de todo el tiempo que pasé en la escuela primaria recuerdo con mayor detalle y cariño mi paso por 4º grado (1984). No es que el resto de los grados no haya sido interesante o bueno, pero de alguna manera recuerdo más situaciones relacionadas con 4º que con cualquier otro (está bien, es algo cualitativo, no podría cuantificarlo en forma exacta). Mi maestra era Delia García, y dentro del programa temático de la escuela primaria, en 4º se veía todo lo relativo a la provincia de Chubut (luego en 5º seguíamos por el país, en 6º por el continente americano, y en 7º era el resto del mundo). Allí fue donde aprendí las primeras cosas sobre la historia de mi provincia, de los pueblos indígenas, los primeros intentos fallidos de colonización, la llegada de los galeses, etc. Hay una de esas historias, que casi juraría que recuerdo hasta la hoja escrita a máquina de donde estudiaba, es la del caballo Malacara y el Valle de los Mártires, que hoy quiero recordar en estas líneas.

El monumento que señala el lugar de la tragedia se encuentra en el medio de la meseta y su apariencia es austera: un obelisco blanco con una leyenda en galés, y unas placas conmemorativas en la base, todo cercado por un muro bajo de ladrillo (Enero 2014)

La historia tiene un protagonista principal: John Evans. Él tenía 3 años cuando partió de Gales y llegó a las costas de la Patagonia en 1865, a bordo del velero Mimosa. Su niñez y juventud las pasó en la colonia galesa del valle del río Chubut. Su personalidad emprendedora lo llevó a conocer la inmensidad de la meseta patagónica, lo que le dio un conocimiento de la geografía de la región que lo llevaría a ser apodado "El Baqueano". De los tehuelches aprendió muchas cosas, y entre ellas, que allá lejos en el oeste había montañas, grandes pastizales y oro.

Mapa de los emplazamientos galeses en la provincia de Chubut [Fuente: Andes Celtig]

domingo, 4 de mayo de 2014

Dónde enterré a Fabiana Orquera

Creo que ya lo he dicho en otras oportunidades, pero me temo que voy a repetirlo (soy muy terco). No soy un especialista en libros, ni soy crítico de libros, pero de tanto en tanto me gusta dar mi opinión sobre algunos de los libros que leo. Por un lado lo hago como una especie de resumen o cierre del proceso de lectura, pero también para que pueda servir de referencia a otros futuros lectores. Así fue como a través de otro blog llegué a descubrir la novela Bestias Afuera, que me gustó mucho y que posiblemente no hubiese ni considerado de no haber leído una reseña de confianza. El libro al que hoy me refiero también tiene una particularidad adicional. Hace unos días, me contactó Cristian Perfumo, un informático oriundo de Puerto Deseado que se ha metido en el mundo de la escritura. Me preguntó, muy cordialmente, si yo podía leer su nueva novela para escribir una reseña en mi blog. Este pedido me sorprendió gratamente, ya que no suelo recibir solicitudes de este tipo, por lo que decidí aceptar. En primer lugar estuve leyendo un poco sobre la vida del autor, con quien comparto algunas singulares coincidencias: nacido y criado en el sur (él en Deseado, yo en Madryn), fue a la universidad en Comodoro Rivadavia (él informático, yo ingeniero), vivió en España (él en Barcelona, yo en Alcalá de Henares). En cuanto a la temática de sus dos novelas, ambas me parecieron muy interesantes. La entrada de hoy está dedicada a la segunda de ellas, titulada "Dónde enterré a Fabiana Orquera"


Sinopsis
Verano de 1983: En una casa de campo de la Patagonia, a quince kilómetros del vecino más próximo, uno de los candidatos a intendente de Puerto Deseado despierta tirado en el suelo. No tiene ni un rasguño, pero su pecho está empapado en sangre y junto a él hay un cuchillo. Desesperado, se levanta y busca a su amante por toda la casa. Viajaron allí para pasar un fin de semana juntos sin tener que esconderse de los ojos del pueblo. Todavía no sabe que ya nunca volverá a verla. Ni que la sangre que le moja el pecho tampoco es de ella.

Hoy: Nahuel ha pasado casi todos los veranos de su vida en esa casa. Por casualidad, un día encuentra una vieja carta cuyo autor anónimo confiesa haber matado a la amante del candidato. El asesino deja planteada una serie de enigmas que, de ser resueltos, prometen revelar su identidad y la ubicación del cuerpo. Entusiasmado, Nahuel comienza a descifrar las pistas pero pronto descubre que, incluso después de treinta años, hay quienes prefieren que nunca se sepa la verdad sobre uno de los misterios más intrincados de aquella inhóspita parte del mundo.
¿Qué pasó con Fabiana Orquera?