miércoles, 9 de octubre de 2013

Puerto Lobos: Nuevas noticias del ayer

Hay temas sobre los que no puedo evitar volver, que tienen un magnetismo especial. Hace bastante tiempo que tenía pendiente escribir algo más sobre Puerto Lobos. De a poco, he ido recolectando información dispersa sobre ese rincón olvidado de la Patagonia, ese pueblo fantasma que me trae recuerdos de mi infancia. Decidí que la única forma de mostrar toda esta información es hacer un rejunte, lo más ordenado posible, de estas pequeñas cosas y, como las fuentes son bastante dispares, ir comentando cada una en forma individual. Así que no me demoro más con palabrerío y voy a lo que importa: las nuevas noticias sobre el antiguo Puerto Lobos.


1) Aventuras y desventuras de un maestro en la década del veinte
El año pasado encontré un viejo libro con un interesante testimonio de la Patagonia, que incluye un capítulo completo dedicado a Puerto Lobos. Se trata del libro ¡Patagonia! Del diario de un maestro, de Santos Romano (1934). El autor fue designado en Puerto Lobo (sic) en agosto de 1927, para hacerse cargo de la escuela primaria del lugar. El panorama con el que se encontró fue un poco desilusionador, según sus propias palabras:
Fui recibido por el bolichero y por el encargado del Destacamento Policial. Me costó trabajo creer que este último era el representante de la autoridad. Un tipo vulgar, de chambergo, alpargatas y breches.
El boliche-fonda es un amplio edificio de madera forrado con chapas de cinc. Al norte del boliche (a 150 metros) está el local del destacamento policial y a la izquierda de éste (a 100 metros) el rancho-escuela: ambos construidos con adobes y techos de cinc.
En una pieza del boliche funciona la oficina de Correos y Telégrafos.......
PUERTO LOBO
El nombre proviene del anfibio que más abunda en la costa patagónica.
En cuanto a la denominación de “puerto" sólo queda hoy el recuerdo de lo que fue.
La implantación de aduanas provocó la clausura de muchos puertos y por consiguiente la despoblación de la zona costanera afectada.
En otros tiempos atracaban en Puerto Lobo los vapores de ultramar y por intermedio de la casa importadora y exportadora de los señores Peirano-Podestá, se efectuaban todas las transacciones comerciales de la región.
Los viejos pobladores del lugar recuerdan todavía esos tiempos de esplendidez.
Ya no atracan vapores. Y para colmo, ni siquiera llueve lo necesario.
Del gran establecimiento comercial, sólo quedan dos vestigios simbólicos: enormes montones de botellas vacías y dos grandes cisternas.
¡Malditas botellas! Protagonistas de mil dramas de dolor y de miseria; testigos de infinitas iniquidades.
En cambio, los dos algibes (sic) de material, elevan sus cilíndricos brocales a varios pies del arenal sediento y sólo esperan el líquido vivificante y maravilloso que apaga la sed, fortalece el cuerpo, entona el espíritu y prolonga la vida.

Me encantaría profundizar un poco más en aquellos años donde los vapores atracaban en Puerto Lobos. La compañía Peirano-Podestá tenía barracas en San Antonio Oeste, y no parece descabellado que hubiese operado en la zona. En cuanto a las cisternas, tengo mis dudas, pero podrían ser las que se encuentran frente a las ruinas del hotel (las cuales, por supuesto, no fotografié en mi última visita).


Portada del libro de Santos Romano