domingo, 29 de enero de 2012

La Segunda Fundación y el final de la trilogía

Segunda Fundación es el tercer volumen de la trilogía de las Fundaciones, de Isaac Asimov. Si bien la Saga de las Fundaciones es más extensa e involucra varios libros más, el núcleo de esa saga está concentrado en esta trilogía, y el resto de los libros tratan sobre precuelas y secuelas misma. Después de un interludio de varios años, pude conseguir este libro y completar mi lectura de la trilogía. No voy a decir mucho, ni dar pistas, solo mi opinión acerca de la historia. Me resultó atrapante y muy fácil de leer, como casi todo lo de Asimov, y el desenlace es ingenioso e inesperado. El misterioso Plan Seldon para reducir el periodo de caos en la galaxia en el lapso de tiempo entre la caída del primer imperio y el surgimiento del segundo queda expuesto y desmenuzado con mucho detalle.


Creo que lo más interesante de la trilogía de las Fundaciones es el juego que se hace entre sucesos históricos y la psicología de las personas. En el fondo, la historia trata del surgimiento - caída - resurgimiento de la Fundación, una especie de gobierno formada originalmente por científicos y sabios, y como ese ciclo puede preverse mediante una ciencia (ficticia... por ahora) denominada psicohistoria. Esta ciencia, utilizando matemáticas y estadísticas, puede prever sucesos históricos, debido a que el comportamiento de masas muy grandes de personas es estadísticamente predecible. En el medio de esa historia aparece un personaje singular, un mutante llamado El Mulo, que no está previsto por la psicohistoria debido a que es una sola persona y no una masa de personas. Este mutante altera el denominado Plan Seldon, y es allí donde entra en juego la Segunda Fundación.

Para los que gusten de la buena ciencia ficción, les recomiendo que no olviden a este auténtico clásico del genero. Y para los que gusten de una buena historia, sea de ciencia ficción o no, también. Hasta la próxima.

sábado, 28 de enero de 2012

Lo que decían algunos científicos del siglo XIX acerca del cerebro y la inteligencia

Hace tiempo que leí Versiones de la Patagonia, de Jorge Fondebrider, pero recién unos días atrás recordé un fragmento del texto en particular, mientras veía un documental sobre el cerebro humano. Se trata del capítulo 16, "Científicos y exploradores", en el cual se dedica una parte al Perito Francisco Moreno y sus frecuentes expediciones por el país, especialmente por la Patagonia. Allí cuenta que siendo muy joven, en 1867, Moreno tuvo la oportunidad de conocer al científico alemán Germán Burmeister, director de la Academia Nacional de Ciencias Exactas de la Argentina, quien se mostró interesado en un fósil desconocido que había hallado el mismo Moreno. Le sugirió contactarse con el científico francés Paul Broca, uno de los referentes en la ciencia de la medición craneana. Ignoro si alguna vez Moreno se contactó con Broca, pero aquí viene lo que quiero compartir, y en este caso no tiene nada que ver con Moreno ni la Patagonia.

Paul Broca fue un eminente médico y científico francés de mediados del siglo XIX. Realizó importantes aportes en el estudio del cerebro humano, entre otras cosas. Como parte de esos estudios llegó a algunas conclusiones inquietantes:
"En general, el cerebro es más grande en los adultos que en los ancianos, en los hombres que en las mujeres, en los hombres eminentes que en los de talento mediocre, en las razas superiores que en las razas inferiores"
"A igualdad de condiciones, existe un relación significativa entre el desarrollo de la inteligencia y el volumen del cerebro"
"Un color de piel más o menos negro, un cabello lanudo, y una inferioridad intelectual y social, son rasgos que suelen ir asociados"
"Ningún grupo de piel negra ha sido capaz de elevarse espontáneamente hasta el nivel de la civilización"
Fuentes: Jorge Fondebrider, Joaquín García Carrasco, Ángel García del Dujo, Carles Paul

miércoles, 25 de enero de 2012

El cementerio de Puerto Lobos

Hace unos pocos días, volviendo de mis vacaciones y la visita a mi familia en Puerto Madryn, me desvié de la ruta nacional Nº3 y me interné unos veinte kilómetros por la ruta provincial Nº60 para llegar a Puerto Lobos. Ya había estado allí unos seis meses antes, visita que relaté en un par de artículos del pasado mes de septiembre (ver parte 1 y parte 2). Al igual que en aquella ocasión, no pude detenerme demasiado tiempo, tenía varios cientos de kilómetros de viaje por delante, así que fui directo a mi objetivo. En la anterior visita a Puerto Lobos recorrí con detalle las ruinas del hotel y las otras edificaciones a su alrededor, además de aprovechar a disfrutar del sonido y el aire de mar en una playa solitaria, sin más presencia humana que la nuestra. En esta ocasión tenía en mente encontrar el cementerio, o lo que queda de él. La vez anterior lo había buscado hacia el sur del hotel, y no lo encontré. Revisando en el berenjenal de archivos que voy guardando en mi computadora, encontré un croquis de Puerto Lobos realizado por la Dirección de Catastro e Información Territorial de Chubut, en el cual se ve que el cementerio está ubicado al norte de las ruinas del hotel.

Croquis del D.C. e I.T. de Chubut en el cual se aprecia la distribución de los edificios principales de Puerto Lobos. El cementerio está al noreste del hotel.
A pesar de que el croquis es solo eso, nada detallado, al menos ahora sabía la dirección en la que tenía que buscar. Así fue como llegué a Puerto Lobos, pasé de largo el hotel, y unos doscientos metros más adelante divisé las cruces del cementerio. Me desvié y estacioné a unos metros de las tumbas. Bueno, cuando digo las tumbas estoy hablando de su mínima expresión, apenas son dos, como puede apreciarse en las fotos.

Cementerio de Puerto Lobos, mirando en dirección al este [Enero 2012].

lunes, 23 de enero de 2012

Acerca de las vacaciones, el tiempo, y la población

Aquí estoy de nuevo, después de un largo receso con un viaje y visitas a familiares y amigos incluidas. Necesitaba desenchufarme de un montón de cosas de la rutina y dedicarle tiempo a mi familia, así que decidí tomarme unos días de descanso con el blog también. Durante estos días he reflexionado, en los ratos en los que podía dedicarme a ello, sobre el paso del tiempo y sobre la imposibilidad de recuperarlo. Es muy común decir aquello de recuperar el tiempo perdido cuando queremos hacer algo en un tiempo reducido o cuando comenzamos algo en un momento posterior al que deberíamos haberlo hecho, o cuando retomamos algo después de un lapso prolongado. Sin embargo la realidad es que el paso del tiempo es irreversible y que todo tiempo perdido es irrecuperable. Uno podrá mitigar esa pérdida empleando diversas estrategias, pero la verdad es que ese tiempo no vuelve. Por eso es que es tan importante aprovechar al 100% el presente, y no dejar para otro momento aquello que podemos hacer ahora, ni relegar la familia y los afectos para otra ocasión. La vida me ha enseñado, y esto no es una revelación divina, seguramente le pasa a todos, que las ausencias y las distancias dejan marcas en uno y en los que lo rodean. Me alegro de haber compartido los momentos que pasé con mi familia, mis amigos, y con el tiempo que les dediqué. Podría haber sido más, lo sé, así que me esmeraré para la próxima.

Ahora sí, Bahía Sin Fondo está nuevamente en funciones, y como para no despedirme sin nada más, les dejo un enlace interesante que acabo de ver. Se trata de una aplicación de la BBC que nos permite saber, de manera aproximada, cual es nuestro puesto, cronológicamente hablando, dentro de los 7.000 millones de habitantes del planeta Tierra. A mi me dio que soy el número 4.047.073.639... ¿y a ustedes? (enlace: http://www.bbc.co.uk/news/world-15391515)

¡Hasta la próxima!