jueves, 22 de diciembre de 2011

La Navidad de 1914

Se termina el año, Navidad y Año Nuevo están al alcance de la mano, metafóricamente hablando, y después de mucho esfuerzo estoy logrando cerrar todos los frentes abiertos en los últimos meses. Por esto, teniendo en cuenta la fecha en la que estamos, con la Navidad tan cerca, y previendo que me voy a llamar al silencio durante unos días, quiero compartir un artículo relativo a las fiestas de fin de año. Si hablo de la Primera Guerra Mundial, la mayoría coincidirá conmigo que no se trata de un tema de paz y amor. Sin embargo en el fondo de aquella tremenda tragedia hay algunas historias que han sido parcialmente olvidadas y que hoy quiero recordar porque tienen que ver con la Navidad. En el libro "La pequeña paz en la Gran Guerra", de Michael Jürgs, se reconstruyen esos pocos días de paz durante la Primera Guerra Mundial, para la Nochebuena de 1914. No he podido hallar una versión en español de dicho libro, pero hay algunos fragmentos traducidos en un artículo del suplemento Radar de Página 12, del 21 de Diciembre de 2003. A continuación reproduzco algunos de los pasajes más relevantes de esta historia:
Al principio es uno solo el que canta “Noche de paz, noche de amor”. La melodía del nacimiento de Cristo suena baja: perdida, se mece en el paisaje muerto de Flandes. Pero luego el canto comienza a encenderse como una ola sobre el campo, y “rifle contra rifle, desde la línea larga y oscura de las trincheras suena el todo duerme en derredor”. De este lado del campo, a cien metros de distancia, las posiciones de los británicos permanecen en silencio. Los soldados alemanes están de buen humor, canción a canción se alza un concierto de “miles de gargantas de hombres a derecha e izquierda”, hasta que se quedan sin aliento. Cuando se apaga el último tono, los de allá esperan un minuto y empiezan a aplaudir y a gritar “Good, old Fritz”, o “More, more”. Los alabados Fritzes contestan con “Merry Christmas” y “We not shoot, you not shoot”. “Nosotros no disparar, ustedes no disparar”. Y lo dicen en serio. Ponen velas sobre la punta de sus bayonetas, que sobresalen casi un metro por encima de las trincheras, y las encienden. Parecía la iluminación de un teatro, le escribirá un soldado inglés a sus padres. Con el escenario así iluminado, acaba de realizarse el ensayo general de la obra que se desarrollará en la frontera oeste durante los días siguientes. Acá y allá y en todas partes, desde el mar del norte hasta la frontera suiza. [original supl. Radar]
Hay que recordar que la Primera Guerra Mundial se caracterizó por ser una guerra de trincheras, donde los ejércitos se desgastaban en prolongadas batallas estáticas, donde nada se movía durante meses. Aún faltaba para la irrupción de los tanques y la aviación, que marcaron la siguiente de las guerras mundiales.
La paz de los de abajo empezó algunos días antes con medidas pacifistas. Por ejemplo en Armentières, detrás de la frontera belga. Los alemanes de origen sajón, en lugar de tirar granadas de mano, tiraron tortas de chocolate. Adentro, había un papel escondido. Los alemanes preguntan si no es posible declarar una tregua para esa noche entre las 19.30 y las 20.30. Su capitán cumple años y quisieran dedicarle una serenata. Los ingleses accedieron. Es más: se pararon al lado de sus trincheras, escucharon la música y hasta aplaudieron. Para que nada saliera mal, después de una hora los alemanes dispararon un par de veces al aire para anunciar el fin de la fiesta. Esto muestra que se toleraban treguas espontáneas. Una guerra en la que los soldados están durante meses a la distancia de un grito los unos de los otros tiene sus propias leyes, y crea su propia cercanía. [original supl. Radar]
Recorte del The Washington Herald, Viernes 1 de Enero de 1915 [gentileza Library of the Congress].

lunes, 19 de diciembre de 2011

CIEN

¿Qué podemos decir acerca del número 100?

100 es la base del sistema porcentual.

100 es la suma de los primeros nueve números primos (2, 3, 5, 7, 11, 13, 17, 19, 23).

100 años es un siglo.

100 es la base de casi todos los sistemas monetarios (1 Peso = 100 centavos, 1 Dolar = 100 centavos, 1 Rublo = 100 kopecs, etc.).

En el sistema internacional, el prefijo para una centena es "hecto-", y para un centésimo es "centi-".

100 se representa como '1100100' en binario, como '64' en hexadecimal, y como '144' en octal.

... sin embargo, '100' en binario es igual a 4 en base decimal, '100' en octal es 64 en base decimal y '100' en hexadecimal es 256 en base decimal.

100 es el número atómico del fermio.

100 es la temperatura en grados centígrados a la cual el agua hierve a nivel del mar.

En el año 100 (a.C.) nace Julio César, general y político romano.

En el año 100 (d.C.) fallece Flavio Josefo, historiador judío.

Dice el viejo refrán que "Más vale pájaro en mano que cien volando"

... o también que "No hay más que dure cien años (ni cuerpo que lo aguante)"

100 días suele ser el período de gracia o prueba para las personas que ocupan un cargo nuevo.

Etcétera

Etcétera


Todo esto es cierto, pero hay más. El número 100 puede representar muchas cosas, pero aquí y ahora, es el número de entradas publicadas en Bahía Sin Fondo. Otro pequeño hito en la corta vida de este blog, que quiero compartir con ustedes. Nos vemos en próximas entradas.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Algunas cosas, muy pocas, que pasaron en 2011


Ya se termina el año, estamos a un puñado de días de arrancar la hoja del 31 de diciembre y colgar el almanaque del 2012 (¿el último almanaque de nuestras vidas?). Por eso hoy, mientras respondía algunos mensajes pendientes que acumulaban óxido y polvo, eché un vistazo a las cosas que compartí a lo largo del año en Facebook. Comprobé dos cosas: (a) compartí muchísimos enlaces, y (b) la mayoría pueden ser obviadas. Por eso, me tomé unos minutos para seleccionar lo mejor del año, aquellas cosas que por su contenido o impacto merecen compartirse. Espero que les gusten.

Investigación espacial
Entre las miles de noticias que ha prodigado la exploración espacial a lo largo del año, quiero destacar dos. Sé que estoy siendo injusto, pero acá van: El lanzamiento del Mars Science Laboratory Curiosity, el rover más avanzado de la historia que recorrerá la superficie marciana, y el lanzamiento de la sonda Juno con destino a Júpiter, que llegará en 2016 y realizará estudios durante un año completo. En el orden nacional, se destacan dos noticias, el éxito del satélite SAC-D y el ensayo, valga la redundancia, exitoso del cohete Gradicom II, base del futuro vector de lanzamiento espacial argentino.

Como curiosidad, también les dejo una página sobre como construir en forma artesanal cohetes propulsados por agua, otra de las cosas que estuve leyendo este año.

Ciencia... y algo más
La ciencia en general ha sido una fuente de noticias inagotable este año. Si ir más lejos los indicios sobre la existencia del bosón de Higgs obtenidos por el LHC podrían ser la revelación más importante del año (y del siglo). Sin embargo no voy a resumir noticias espectaculares, sino algunas pequeñas cosas que me intrigaron o involucraron a lo largo del año. Por ejemplo, el libro "13 Things That Don't Make Sense" (13 cosas que no encajan), un estudio sobre 13 temas en donde la ciencia no tiene respuestas claras o un norte bien marcado. Personalmente creo que son muchas más, pero al menos estás 13 son indiscutibles. En el otro extremo de la realidad científica está la entrega de los premios Ignobel, una especie de "anti-Nobel" donde se premian a las investigaciones más absurdas, disparatadas, o incomprensibles del año en curso. Recomiendo en particular el premio de fisiología: "Ausencia de evidencia de contagio del bostezo en la tortuga terrestre de patas rojas"

En otro orden de cosas, en todo el mundo, y Argentina no es la excepción, hay todo un debate sobre en qué investigar, para qué investigar, como hacerlo, como evaluarlo, etcétera. Un artículo sobre este tema, del blog La Ciencia de la Mula Francis, fue el mejor a mi gusto: "Para qué sirve un doctorado cuando no hay puestos de trabajo para los doctores"

jueves, 15 de diciembre de 2011

Por si Quede

Acabo de terminar de leer el libro "Por si quede", de Jorge Cramer, después de casi dos meses. Es cierto que coincidió con una etapa de actividad más que intensa en el trabajo, lo cual me restó tiempo y energías para leer, pero el tamaño del libro ameritó el tiempo dedicado. Se trata de una larga recopilación de historias sobre los pioneros de la Patagonia austral, con especial énfasis en la saga de los hermanos ingleses Lively. El libro toma su nombre de un pequeño establecimiento rural de la Patagonia, pero a su vez es una especie de resumen sobre la incertidumbre, sobre lo que puedo, o no, ser.


El autor comienza su libro con un repaso de las historias de los primeros europeos que llegaron a las tierras australes y su contacto con los pobladores originarios. Allí está la crónica de Magallanes, la trágica epopeya de Pedro Sarmiento de Gamboa y las ciudades del estrecho, la colonia galesa de Chubut, y un largo etcétera. No faltan Piedra Buena, Fontana, Moyano, y los exploradores europeos: Musters, Claraz, etc., los primeros en recorrer su vasta extensión como exploradores y que en muchos de los casos sentaron las bases de la soberanía por esas latitudes (aún no se lo hemos agradecido lo suficiente a Don Piedra Buena). Francisco Moreno, "el Perito", también tiene reservados varios lugares en el libro, en especial en aquellos dedicados a la cuestión de límites.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Microrrelatos: Bayley Aldrich y Monterroso

El fin de semana largo, o puente, como más les guste, se me ha escapado de las manos y casi ni me di cuenta. Esperaba dedicarle un buen rato al blog, así como a otras cosas pendientes, pero las cuestiones hogareñas y familiares terminaron consumiendo casi todo mi tiempo. Por eso hoy quiero aprovechar este breve instante de relativa calma para compartir un par de relatos de tipo fantástico. Bueno, en realidad debería decir microrrelatos, debido a su extensión. El arte de escribir microrrelatos pareciera ser algo trivial, pero la primer impresión es engañosa. Condensar una historia en tres o cuatro oraciones en las que se pueda entrever la introducción, un desarrollo, y un desenlace inesperado, es algo muy difícil. Se deben usar solo las palabras justas, ni una más ni una menos, y los adjetivos y sustantivos correctos. Un adjetivo inadecuado o el uso del tiempo o género incorrectos puede hacer que el microrrelato se convierta en algo insulso, incapaz de transmitir algún mensaje o emoción.

Hace algunos años leí la "Antología de la literatura fantástica", editada originalmente en 1940, una recopilación de cuentos realizada nada menos que por Jorge Luís Borges, Adolfo Bioy Casares, y Silvina Ocampo. Entre los muchos, y excelentes, textos que la componen, hay uno que me atrae en especial por su simpleza, e intensidad. Se trata de "Sola y su alma", un cuento de Thomas Bailey Aldrich (New Hampshire 1836, Boston 1907):
Una mujer está sentada sola en su casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han muerto. Golpean a la puerta.
Muy bueno, ¿no es cierto? En tres cortas oraciones se cuenta una historia con un final inesperado que es casi perfecta. Ese "golpean a la puerta" final deja en vilo al lector, porque pone patas para arriba lo que se daba por sentado, o sea, que ella, la mujer, estaba sola en el mundo.

Sin embargo, si queremos ir al extremo de lo que es un microrrelato, tenemos que remitirnos al texto de Augusto Monterroso (Tegucigalpa 1921, México DF 2003) denominado "El dinosaurio":
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Contundente. En solo siete palabras se resume una historia entera: una introducción (alguien que se fue a dormir y un dinosaurio), un desarrollo (ese mismo alguien que duerme), y un desenlace inesperado (el protagonista se despierta y comprueba que el dinosaurio no se ha ido).

Bueno, eso es todo por ahora. La entrada de hoy trata de hacer honor a los microrrelatos, por lo que me despido hasta la próxima, esperando los hayan podido disfrutar.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Billetes pequeños de China

Desconozco si se trata de los billetes más pequeños del mundo, pero sin duda están entre los más pequeños. Exceptuando determinadas emisiones de emergencia realizadas en países en guerra (p.ej. la guerra civil española) donde se utilizaron hasta las estampillas como moneda de curso legal, los billetes de 1, 2, y 5 Fen de China del año 1953 son de los más pequeños que conozco. El Fen es una de las divisiones del Renminbi (moneda del pueblo) Chino. Es la centésima parte del Yuan, y la décima del Jiao (100 Fen=10 Jiao=1 Yuan); o sea el equivalente a nuestro centavo. 
 
Anverso de los billetes de 1 Fen (camión), 2 Fen (avión), y 5 Fen (barco). Véase el tamaño comparado con una moneda de un peso argentino actual.