viernes, 3 de febrero de 2017

Un naufragio en la solitaria costa de Cabo Raso

Los lectores constantes, parafraseando a Stephen King, de este blog, saben que me gusta seguir el rastro de naufragios en la costa patagónica. Mi atención en general se ha enfocado en la zona de Golfo Nuevo y de Península Valdés. Sin embargo, esta vez voy a animarlos a que salgamos del reparo del golfo y la península y nos dirijamos más al sur, donde el clima es más recio, hasta un paraje olvidado donde una vez hubo un germen de un pueblo. Vayamos hasta Cabo Raso, a buscar un naufragio relativamente moderno, un pesquero que terminó sus días en la restinga y partido al medio: El Chubasco.

Los restos del pesquero "Chubasco" sobre la restinga del Cabo Raso. Al fondo se ve lo que era la proa del barco.

viernes, 27 de enero de 2017

Misterios e historias en la Ruta Provincial Nº1

Existen rutas que tienen un nombre propio y una impronta que las destaca por encima del común de las rutas. Si bien todas ellas están identificadas por números, aparentemente insulsos y genéricos, algunas sobresalen por su trazado, por las localidades que unen o por los atractivos turísticos. El ejemplo más relevante en nuestro país es la Ruta Nacional Nº40 (RN40), que une La Quiaca (Jujuy) con Cabo Vírgenes (Santa Cruz), recorriendo más de 5100 km y cruzando once provincias diferentes. Es, de alguna manera, el equivalente a la famosa Ruta 66 de EE.UU., un icono turístico y una especie de marca registrada. En un orden menor, los patagónicos tenemos otra ruta emblemática, la Ruta Nacional Nº3 (RN3), que une Buenos Aires con Ushuaia y actúa como contraparte de la RN40 en la Patagonia, pero corriendo sobre la costa. Si bien su trazado no bordea montañas nevadas, bosques frondosos ni lagos cristalinos, sí nos lleva por imponentes paisajes costeros y se adentra de a ratos en la meseta, con sus bellezas tan particulares. Sin embargo, existen rutas mucho menos conocidas que encierran historias, paisajes y soledades que merecen la pena ser conocidos. Hace unas semanas tuve la oportunidad de recorrer, en parte, una vieja ruta que tenía pendiente hace tiempo, una ruta que se relaciona con una deuda pendiente (que aún no saldé por completo) y con una serie de historias que iré desmenuzando por este blog en la medida que sea posible: La Ruta Provincial Nº1 de Chubut.

Ripio, arbustos bajos, alambrados, guardaganados y un cielo azul tan infinito como la meseta. Paisaje patagónico puro sobre la RP1 (También llamada Ruta Presidente Juan Domingo Perón).

jueves, 22 de diciembre de 2016

Año Nuevo

Termina otro año y llega la hora de hacer balances. Desde la óptica del blog el balance es que fue un año con muchas ocupaciones que me demandaron más tiempo del previsto, y parte de ese faltante de tiempo lo cubrí quitándole horas al blog (entre otras cosas). Por esa razón llego a fin de año con la menor cantidad de entradas publicadas desde su creación, en 2010. Si lo veo en términos más cualitativos, en lugar de contar la cantidad de notas evaluar la calidad de las mismas, pues el balance es positivo, pero tampoco como para descorchar champán (o al menos no uno muy caro). Las notas en general tuvieron una buena cantidad de visitas, pero solo pocas de ellas califican como muy buenas, hay varias que son un simple relleno o parche que elaboré de mala forma para que no decaiga la frecuencia de publicaciones. Sí, es que en este mundo virtual los blogs que no publican seguido suelen estar condenados a la muerte.

Fuente: Molasaber.org

lunes, 12 de diciembre de 2016

De Ramallo a Paso de Indios, más que un simple viaje

Cada familia es un mundo, y cada uno de esos mundos encierra historias increíbles, muchas de ellas dignas de películas. Me fascinan las historias de gente común y corriente que afronta desafíos nuevos, largan todo y encaran algo en forma casi quijotesca, jugándose hasta lo puesto en ello. Las historias de los pioneros, por poner un ejemplo, como los que fueron colonizando a fuerza de trabajo y sudor los diferentes rincones de la Patagonia, son algunas de mis favoritas. Pero también, en una escala y un tiempo diferentes, se pueden hallar testimonios de algunas de esas luchas en la propia familia. En mi caso particular mi familia no tiene, como ocurre en muchas otras, ningún antepasado extranjero, y hay que remontarse hasta mis bisabuelos o tatarabuelos para encontrar a alguien que haya nacido fuera del país (lo cual me lleva directo al siglo XIX). Tanto mi familia materna como parte de la paterna no son patagónicos "NYC", sino que arribaron a esta región en diferentes épocas y por diferentes razones. Hoy voy a dedicar un espacio en este blog a recordar, de manera muy resumida, una parte de la historia de como mis abuelos maternos terminaron asentándose en esta tierra de leyendas. Pero para eso, vamos al origen, a la tranquila localidad de Ramallo, al norte de la provincia de Buenos Aires.

Antigua fotografía, probablemente de fines de los '40, de las casas emplazadas en una de las islas del Delta del río Paraná. En una de ellas vivieron mis abuelos durante un tiempo, antes de mudarse a la ciudad de Ramallo, y posteriormente, a la Patagonia.

sábado, 26 de noviembre de 2016

El origen de algunas notaciones matemáticas

La recta final del año viene más cargada de trabajo de lo que había previsto, y el blog ha sido uno de los que ha pagado las consecuencias de esto. Una vez más, tengo que dejar a un lado varios artículos en diferentes grados de desarrollo para poder atender los compromisos cotidianos. Pero como dichos compromisos pertenecen a un ámbito en el todo está relacionado con las matemáticas, voy a aprovechar esto como excusa para contarles, o mejor dicho, para reproducir lo que otros han contado, sobre el origen de algunos de los tantos símbolos que se usan en el álgebra y el análisis matemático.

Página manuscrita de los apuntos de Leibniz en donde se ven algunos desarrollos en serie de la raíz cuadrada de 2. Fuente: Alquimia y Ciencias.

sábado, 29 de octubre de 2016

Velikovsky vs Sagan: Mundos en colisión

El título de la entrada de hoy hace honor a los contendientes, por llamarlos de alguna forma. En mi adolescencia leí, con avidez, textos sensacionalistas como los de Von Daniken, Zerpa, y otros. Entre ellos encontré muchas referencias al trabajo del Dr. Velikovsky, quien sacudió a la comunidad científica de mediados del siglo XX con una serie de heréticas teorías que alteraban lo que se daba por sabido en historia y astronomía. Años después, leí la refutación de sus argumentos de parte de otros autores, y en particular, de Carl Sagan. Hace unos días me topé, de casualidad, con el texto de Sagan, y eso me trajo a colación estos recuerdos. Por eso, la entrada de hoy esta dedicada a Mundos en Colisión, el libro con el que Velikovsky saltó a la fama, y a su posterior refutación.

Emmanuel Velikovsky (izquierda) y Carl Sagan (derecha), confrontados por una teoría sobre Venus, la Tierra, y una serie de episodios catastróficos. Fuente: Everything is Electric.

viernes, 30 de septiembre de 2016

El complejo rompecabezas de los primeros emprendimientos pesqueros en el Golfo Nuevo

Hace unos años estuve investigando sobre la historia de las ruinas que se encuentran en Bahía Cracker, a las que siempre conocí como "el saladero". Eso dio lugar a una nota en este blog que con el tiempo se ha convertido en una de las más visitadas y comentadas. En aquel entonces encontré una serie de lagunas de información que hasta ahora no he podido desentrañar del todo. Según lo que pude averiguar, luego de revisar algunos libros sobre la historia de la industria pesquera en Argentina, la primera fábrica de conservas de la Patagonia (y la Argentina) estuvo en Puerto Madryn. En julio de 1911 se estableció en Puerto Madryn una pequeña fábrica de conservas cuyo nombre era toda una declaración: “La Primera”. Esta fábrica era propiedad de la firma Mardesich y Depolo, y producía conservas preparadas con pejerreyes, con y sin espinas, en forma de filet, en escabeche, etc., e incluía el saladero de bacalao y mero establecido en Bahía Cracker. Esta fábrica tropezó con inconvenientes emanados de disposiciones oficiales, las cuales redujeron su capacidad de producción y trabaron su desarrollo. Estas disposiciones, sumadas a los costos de fletes, trajeron como consecuencia la temprana extinción de la fábrica.

Así lucía Puerto Madryn a principios del siglo XX (circa 1911). Fuente: Facebook Madryn Olvidado.

A partir de aquella nota, recibí algunos aportes, principalmente de miembros de los grupos de Facebook Madryn Olvidado e Historia de la Patagonia, sobre la historia de Bahía Cracker. Entre ellos descubrí el testimonio de Payró, quien en su libro La Australia Argentina declaraba que ya había un emprendimiento pesquero en Bahía Cracker a fines del siglo XIX, propiedad de Eyroa y compañía. Sin embargo, existen otras fuentes que apuntan a que el origen del emprendimiento es otro, ya que Andres Jozwicki en su libro sobre la historia de los puertos de Chubut dice que era de la familia Daleoso, mientras que Don Luis Moisset, tripulante de la fragata Sarmiento, asegura que era de Solier.

A partir de estas fuentes contradictorias, y una notoria falta de información sobre el emprendimiento en Cracker, inicié una búsqueda algo desorganizada y muchas veces interrumpida. En los últimos años he recopilado información adicional, retazos que he ido encontrando por diversos caminos y, en la mayoría de las veces, en forma azarosa. Hurgando en los recovecos del Boletín Oficial de la República Argentina, el Archivo Parlamentario, y otros sitios de Internet, encontré unas cuantas referencias adicionales que enriquecen esta cuestión y llenan algunos, de los muchos, baches en la historia de los primeros emprendimientos pesqueros en el Golfo Nuevo. Para poder hilvanar esta historia, a todas luces incompleta, he organizado la información de manera cronológica, así que ahí vamos, retrocedemos 120 años y nos paramos en la costa de Bahía Cracker, donde un periodista de Buenos Aires deja un breve apunte en su diario de viaje.

domingo, 4 de septiembre de 2016

¿Hay alguien ahí afuera?

La entrada de hoy está dedicada a una de esas inquietudes existenciales que tengo desde que era muy pequeño. Desde la primera vez que levanté la mirada al cielo, consciente de que lo que había allá arriba eran miles y millones de soles desperdigados por la galaxia, me planteé una cuestión que todavía no tiene respuesta: ¿Hay alguien ahí afuera, más allá de los fríos abismos del espacio interestelar? La duda sigue ahí, intacta, y cada tanto la desempolvo de la mano de alguna lectura o noticia. Hace un par de días que terminé a leer la novela Pórtico, de Frederik Pohl, la cual trata sobre el hallazgo de una antigua base de una raza desconocida, que desapareció sin dejar rastro, exceptuando un asteroide plagado de túneles y de naves que nadie sabe manejar pero que todavía funcionan de maneras misteriosas. Simultáneamente, el pasado 24 de agosto, el mundo científico confirmó una noticia que se había filtrado unos días antes: hay un planeta orbitando la estrella Proxima Centauri, denominado provisionalmente como Proxima b. Este planeta tiene dos características realmente interesantes: gira en torno de la estrella más cercana a la Tierra (son 4 años luz, una barbaridad, pero en términos astronómicos es "a la vuelta de la esquina") y se encuentra en los que se denomina como zona habitable de la estrella, esto es, a una distancia donde, de haberla, el agua podría ser liquida (con todo lo que eso implica en la búsqueda de rastros de vida). Más allá de que aún se requiere una confirmación independiente del hallazgo, los resultados obtenidos sugieren un porcentaje muy elevado de factibilidad. Así que, mientras esperamos más noticias sobre este tema, voy a aprovechar el envión temático y retomar una entrada inconclusa que comencé allá por abril, y que durmió hasta ahora. Y para eso, me voy a remitir a otra novela de ciencia ficción que leí hace poco y que viene al caso: Contacto.

Recreación artística de Proxima b. En el horizonte aparece la enana roja Proxima Centauri, y más atrás el sistema binario Alpha Centauri A y B. Nuestro Sol luciría como una estrella más del montón del firmamento de Proxima b, pero ¿habrá algo en su superficie que pueda contemplarlo? [Fuente: Eureka]

viernes, 26 de agosto de 2016

Midiendo el campo magnético en el otoño madrynense de 1925

A partir del artículo que publiqué el pasado mes de marzo, sobre la observación del tránsito de Venus de 1882, me quedó la inquietud sobre que expediciones científicas de bajo impacto, o de poca publicidad, se produjeron en la región patagónica, y en especial, en la zona noreste de Chubut. Hay mucha información sobre los viajes de Darwin, Musters, Fontana y otros, pero también existen numerosas campañas realizadas por diferentes científicos que han caído total o parcialmente en el olvido. Algunos de ellos han sido rescatados, en términos históricos, hace relativamente poco tiempo, como es el caso del científico y pionero Julio Germán Koslowsky, cuyo nombre apenas era conocido por los estudiosos de la Patagonia. Después está el caso de las misiones francesas y norteamericanas que vinieron a observar el tránsito de Venus de 1882, las mediciones realizadas por Esteban Terradas e Illa para la Universidad Nacional de La Plata, que desembocaron en la posterior instalación del mareógrafo, y otros.

Rebuscando en las páginas del Semanario Golfo Nuevo encontré una de esas pequeñas notas que son una punta de un ovillo más grande. En la edición del sábado 6 de junio de 1925, se informa sobre la partida de un científico norteamericano que había venido a hacer mediciones en la zona.

OBSERVACIONES CIENTÍFICAS
Después de permanecer ocho días en ésta, se embarcó para Buenos Aires en el vapor José Menendez, el señor John Lindsay, observador del Departamento de Magnetismo de la Tierra, del Instituto Carnegie de Washington.
El señor Lindsay, efectuó en este pueblo diversas observaciones del magnetismo terrestre, lo que servirá para el control de los compases de navegación y para otras aplicaciones científicas. Además el señor Lindsay constató las variaciones magnéticas ocurridas desde la última vez que un observador del Instituto estuvo en esta hace cuatro años.

El sábado 6 de junio de 1925 el semanario Golfo Nuevo (izquierda) anunciaba la partida de John Lindsay a bordo del vapor José Menéndez (derecha). Fuentes:  biblioteca Municipal y Popular Domingo Faustino Sarmiento (Puerto Madryn) e Histarmar.

sábado, 20 de agosto de 2016

¿Me conviene ahorrar en créditos del Imperio o con dólares soviéticos?

Es viernes, es de noche y estoy cansado. Por esas tres razones la entrada de hoy es totalmente relajada, bastante desconectada del resto de las otras entradas. O no, mejor dicho, hay una vaga relación. Cada tanto dedico algunas entradas para compartir temas relacionados con el coleccionismo de monedas y billetes, un pasatiempo que tengo algo relegado desde hace un par de años. Por esos azares de la procrastinación, encontré en un directorio inesperado unos archivos que había descargado hace mucho y que están relacionado con el coleccionismo. Me refiero a los billetes y las monedas de fantasía, aquellas que fueron creadas para ser falsas y no se pretende engañar a nadie. Por tal razón se convierten en objetos de colección y su valor puede ser incluso elevado. No me refiero acá, hago la aclaración por las dudas, a dinero que se emite para ser de curso legal pero su valor es un chiste, como ya hemos experimentado en Argentina (¿se acuerdan de los Lecop, patacones y otros parches?) y en otras partes del mundo. No, me refiero a diseños que homenajean determinados eventos/personas/cosas, son propagandísticos, o que son simples tomadas de pelo.

Detrás de cada moneda o billete hay un trabajo de diseño, conceptual y artístico, muy importante. En una pequeña pieza de metal, o en un trozo de papel, se debe representar una cierta cantidad de símbolos que transmitan un mensaje, además de representar un valor financiero. En sus contrapartes de fantasía, la idea sigue siendo la misma. Pero bueno, mejor me dejo de tanto palabrerío, y les muestro un poco a lo que me refiero.

Un crédito del Primer Imperio Galáctico. En su frente aparece la efigie de Darth Vader, y en el reverso la segunda Estrella de la Muerte, dos destructores imperiales y varios cazas TIE. La firma en el frente del billete es la del Emperador Palpatine, "Emperor of the known galaxy". Fuente: Outside IN creative collective.